15 de noviembre de 2010

Citando: ¡Santo Sepulcro!

Las palabras de un cruzado, mente en blanco y a leer:

"El cielo está inmensamente rojo, como si el corazón de Dios sangrara por dentro por las fechorias cometidas durante el día."

"Me fui a Tierra Santa para vivir en paz. También por piedad. Mi famosa piedad.
Mi pasión: Jesús. Me levanto con su nacimiento y me acuesto con su muerte. Me despierto en Él y me duermo sobre su cruz. Se ha convertido en mí. ¿Me habré convertido en Él? Él es todos mis pecados: pereza, gula, ira, avaricia, orgullo, lujuria. Siempre se me olvida uno: ¡la desesperanza! Disfruto con Jesús. Descanso en Jesús. Aborrezco a los que no creen en Jesús. No doy nada a nadie más que a Jesús. Me enorgullezco de sólo pertenecer a Jesús. Gozo con Jesús. Me desespero por no ser tan bueno como Jesús. Es mi Bien y mi Mal. Sin Él no sería feliz ni infeliz. Como los judíos. Los judíos no son ni felices ni infelices, pues no conocen a Jesús. Como no van a misa, andan vagando. La sinagoga no es una meta, sino una etapa. No van a ella sino para detenerse. Es una posada donde, en su carrera infernal, hacen una parada. En nuestras catedrales, el cielo se abre. Las sinagogas tienen el techo bajo. Por lo que sé, pues nunca he pisado una. Mis espías lo han hecho por mí. Mi madre me enseñó que hay que tener espías cuando no se tiene amigos. [...] Mi madre quería que me convirtiese en santo, y yo quería que mi madre estuviese contenta. Me concibió, luego me educó y por último me salvó la vida."

- ¡Santo Sepulcro! de Patrick Besson.