22 de septiembre de 2009

Pequeño cuento


Como siempre, después de una temporada aquí estoy de nuevo con más que dar. He conocido a un filósofo muy particular, su nombre es Javier García Aparicio. Como suelo decir, las apariencias siempre engañan, pero en este caso ya he visto más de la persona y me atrevo a decir que es un gran pensador docente. El otro día nos contó un peculiar cuento oriental que me gustaría compartir con vosotros. Aquí os lo dejó. Ya sabéis, mente en blanco y a leer...

Al alumno de un maestro zen le regalaron un caballo. Todo el mundo se congratulaba y decía: "qué suerte, qué favorable le fue el destino". Pero el maestro, contrariamente, se limitaba a decir: "Ya veremos...". Al poco, ¡qué desgracia!, el alumno se calló del caballo y se rompió una pierna. El pueblo entero se lamentaba de su suerte y maldecía el día que le regalaron el caballo. Sin embargo el viejo maestro volvió a decir: "Ya veremos...". Los aldeanos murmuraban ya acerca de su cinismo. ¿Romperse una pierna no es un mal en sí mismo? ¡Pobre chico!. Pero ocurrió que hubo una guerra y tuvieron que alistarse todos los jóvenes de la región que, por cierto murieron en ella. Todos menos el joven alumno incapacitado por su pierna rota. Todos le felicitaron por su suerte, excepto el sabio anciano que repitió: "Ya veremos".