
Discípulo: Maestro, quería robaros un poco de vuestro tiempo, quiero haceros una pregunta.
Maestro: Por supuesto, pregunta. Si tengo respuesta te la daré.
Discípulo: ¿Qué es el mundo?
Maestro: ¿El mundo? Bueno, he de reconocer que existen miles de maneras de concebir el mundo. Pero yo diría que no es más que una ilusión. Podemos someternos a ella o trascenderla.
Discípulo: ¿Trascenderla? ¿A qué os referís con trascender?
Maestro: Si, trascender. Reconocer que nada es verdad y que todo está permitido. Que las leyes no nacen de un ente todopoderoso al que llaman Dios, sino que proceden de la razón. Debes vivir tu vida, no la de otros. Vive en tu mundo, no en el de otros.
Discípulo: Ya veo, pero ¿cómo sabemos que es verdad, maestro? Puede que la vida que yo lleve sea una mentira. Que el mundo que yo veo no es el verdadero. Puede que nadie vea lo que es verdad y yo no lo se, maestro.
Maestro: Hay una clara diferencia entre lo que dicen que es verdad y lo que sabemos que es verdad, aunque mucha gente prefiere ignorar esa diferencia. Tus circunstancias pueden variar pero eso no significa que el mundo haya cambiado, sigue siendo la misma ilusión vista a través de tus nuevos ojo, siempre cambiado de color. Así que yo te pregunto: ¿Qué ves tú, hijo?
Discípulo: Si, creo que ya lo he entendido, maestro.
Maestro: ¿Sí? ¿Qué has aprendido?
Discípulo: La ilusión que es el mundo lo vemos cada día y no debemos fiarnos de lo que nos dicen, sino de lo que vemos. Debemos trascender esa ilusión para alcanzar una sociedad digna de vida pues entre todos podemos alcanzar la verdad o al menos lo que creemos que es verdad entre todos.
Maestro: Muy bien, mi discípulo. Así me gusta, ¡no te duermas en los laureles! Sigue reflexionando, lo que aprenda hoy en tu mente quedará si las circunstancias no te lo impiden.
Maestro: Por supuesto, pregunta. Si tengo respuesta te la daré.
Discípulo: ¿Qué es el mundo?
Maestro: ¿El mundo? Bueno, he de reconocer que existen miles de maneras de concebir el mundo. Pero yo diría que no es más que una ilusión. Podemos someternos a ella o trascenderla.
Discípulo: ¿Trascenderla? ¿A qué os referís con trascender?
Maestro: Si, trascender. Reconocer que nada es verdad y que todo está permitido. Que las leyes no nacen de un ente todopoderoso al que llaman Dios, sino que proceden de la razón. Debes vivir tu vida, no la de otros. Vive en tu mundo, no en el de otros.
Discípulo: Ya veo, pero ¿cómo sabemos que es verdad, maestro? Puede que la vida que yo lleve sea una mentira. Que el mundo que yo veo no es el verdadero. Puede que nadie vea lo que es verdad y yo no lo se, maestro.
Maestro: Hay una clara diferencia entre lo que dicen que es verdad y lo que sabemos que es verdad, aunque mucha gente prefiere ignorar esa diferencia. Tus circunstancias pueden variar pero eso no significa que el mundo haya cambiado, sigue siendo la misma ilusión vista a través de tus nuevos ojo, siempre cambiado de color. Así que yo te pregunto: ¿Qué ves tú, hijo?
Discípulo: Si, creo que ya lo he entendido, maestro.
Maestro: ¿Sí? ¿Qué has aprendido?
Discípulo: La ilusión que es el mundo lo vemos cada día y no debemos fiarnos de lo que nos dicen, sino de lo que vemos. Debemos trascender esa ilusión para alcanzar una sociedad digna de vida pues entre todos podemos alcanzar la verdad o al menos lo que creemos que es verdad entre todos.
Maestro: Muy bien, mi discípulo. Así me gusta, ¡no te duermas en los laureles! Sigue reflexionando, lo que aprenda hoy en tu mente quedará si las circunstancias no te lo impiden.
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